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Adversidad

A todos Dios nos juzga por las intenciones del corazón.

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Julio Rodríguez - Periodista

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En 1986 pasaron tres acontecimientos importantes en mi vida. Primero. Contra todo pronóstico me convertí en el primer bachiller de una familia que, desde que la abuela arribó a San Salvador (más de tres décadas atrás), nadie lo había logrado. Luego vinieron muchos y triunfaron.

Segundo. Me convertí en un ciudadano con derechos civiles y políticos al obtener mi Cédula de Identidad Personal (antecedente del DUI) que extendían las alcaldías, junto al impuesto de la Vialidad que exigía la Policía Municipal por caminar en las aceras, hacer uso de parques y presentar para cualquier trámite en la comuna.

Tercero. Un terremoto derrumbó mi comodidad juvenil, cambió mis exámenes privados en un aula, por una prueba de amor y compromiso con los pobres, con los olvidados, los que viven con lo del día y al margen de todo. A los que Dios, es el único que no olvida. De donde el Señor me promovió.

La fe, sin templo, ni parroquia –como lo enseña Jesús– me dio una lección: cada adversidad en la vida demandará una actitud muy específica para sortear la crisis, superar el obstáculo y volver a iniciar.

He comenzado tantas veces en mi vida personal, profesional y ciudadana, que ahora mismo puedo estar superando una debilidad, un problema o una circunstancia colectiva con mis compatriotas, mis hermanos salvadoreños, una pandemia y dos temporales, en menos de tres meses. Adversidades que solo se sumaron a las que enfrentamos a diario.

¿Dónde está Dios? Se han preguntado muchos escépticos y otros más atrevidos han encarado en redes sociales a los creyentes. ¿Qué hará tu Dios ante tanta desgracia o temor de las personas? Las respuestas podrían llenar miles de páginas con argumentos teológicos, pero no se trata de eso, porque más allá de los intereses de los políticos, funcionarios, profesionales o activistas, a todos Dios nos juzga por las intenciones del corazón.

Desde una oración por quienes sufren directamente las adversidades que suponen las enfermedades o el desequilibrio ambiental que la naturaleza no olvida, hasta acudir con lo que se pueda hacer (escribiendo, planificando, llevando alimento, declarando palabras de esperanza o denunciando injusticias) todo cuenta en este momento de adversidad. Allí está una respuesta práctica de dónde está Dios.

En la adversidad –me atrevo a decir– Dios toma las formas más variadas que uno pueda imaginarse, que solo entienden quienes tratan de hacerlo desde una actitud espiritual, y no por aquellos que buscan su propio protagonismo.

En este tiempo, las personas podemos sacar lo mejor o lo peor de nosotros. Toma sentido aquello de "por sus obras los conocerán". Y me quedo con una historia corta, que puede ser la canción de muchos.

Francisco, un joven de 30 años; su esposa, de igual edad; y una hija de 2 años, él debería estar cómodo esperando que todo pase. Pero decidió hablar de Jesucristo, caminar igual que Él entre los pobres aliviando almas, estómagos y regalando esperanza en albergues y casas, dónde trapos blancos ondean o se mojan con las lluvias.

Más de tres décadas después pasa otro hecho importante en mi vida, me siento a escribir con la fe que, las palabras que me regala el Señor, sirvan para promover una actitud de esperanza ante cualquier adversidad.

Adversidad: infelicidad, desdicha, desventura, fatalidad, desastre, accidente, tribulación, dificultad y/o problema personal, profesional o colectivo. ¿Acaso hay algo imposible para Dios?

Tags:

  • adversidad
  • intenciones
  • fe

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