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¿Bukele y Marx, compadres?

A varios de mis equivocados amigos les pido que abran sus ojos. No solo se trata de una dictadura, sino de un sistema que aniquila a la empresa privada, la iniciativa individual y la democracia.

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José Afane - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Karlitos Marx era de origen judío alemán, de religión luterana, nacido en un hogar acomodado; amante de la buena vida. Su padre lo envió a la universidad a estudiar leyes donde, con su nuevo amigo Friedrich Engels, predicaban la lucha de clases, principio del marxismo.

El marxismo fue una corriente de pensamiento muy influyente en los movimientos sociales, y en los sistemas económicos y políticos de todo el siglo XX, siguiendo las líneas fundamentales trazadas por Marx y Engels a mediados del siglo XIX, y expresadas públicamente en el Manifiesto Comunista.

Irónicamente, el marxismo parece haber influido a nuestro actual presidente, en misión abierta para obstaculizar el desarrollo capitalista, con el fin de perseguir sus propios objetivos de poder.

El Salvador está en peligro, culpa de una pandemia mal manejada, acompañada de una cruzada anticapitalista, que frena las posibilidades de progreso y desarrollo económico, llena de odio, mentiras y una pésima administración pública.

En el libro Hablando con Extraños, Malcolm Gladwell nos lleva tras bambalinas del plan de Castro para afianzarse en el poder de la isla; un copy paste de lo que está haciendo Bukele en El Salvador.

Suenan tambores de volver al colón, de corralito bancario, de controlar a las empresas privadas, de quitarle las alas al trabajador y al profesional progresista. A varios de mis equivocados amigos les pido que abran sus ojos. No solo se trata de una dictadura, sino de un sistema que aniquila a la empresa privada, la iniciativa individual y la democracia.

La serie Cuba Libre, de Netflix, muestra cómo Fidel Castro fue eliminando a sus correligionarios. El primero fue Camilo Cienfuegos, a quien el pueblo lo amaba, y así fue uno por uno. Las mismas luces se empiezan a encender en nuestro país. Esperemos que el pueblo despierte, y no muerda el mismo anzuelo de Fidel.

La mayoría de salvadoreños anhelamos el progreso, odiamos la corrupción, demandamos menos avaricia de nuestros gobernantes, amamos nuestra libertad. ¿Y entonces?

Tags:

  • Bukele
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