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Qué es el cielo

Y Él es fiel a sus promesas; Él es fiel: lo hace, porque lo ha prometido.

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Rutilio Silvestri - Columnista de  LA PRENSA GRÁFICA

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En una de sus homilías, el papa Francisco comentando la primera lectura de la liturgia de la Santa Misa de ese día, explicó qué es el Cielo: "Muchas veces –dijo– pensamos en un cielo abstracto: ¿Será un poco aburrido estar allí, toda la eternidad?

No, el Cielo no es eso. Es estar en Dios, en la Esencia Divina. Nosotros caminamos hacia un encuentro: el encuentro definitivo con Jesús. El Cielo es el encuentro con Jesús y quedarse con Él". Nosotros estamos en camino: Nuestra vida es un camino. Pero ¿en camino hacia a dónde? ¡Al Cielo! Pero para llegar al Cielo hemos de caminar junto a Cristo, viviendo Su Doctrina, recibiendo los Sacramentos, y especialmente, tratándolo en el Pan y en la Palabra: en la Sagrada Comunión y en la oración.

Partimos cuando nacemos, recibimos el Bautismo, recibimos la Confirmación, acudimos a la Confesión; andamos mientras vivimos y si hemos vivido una vida digna de un cristiano, el Señor nos premia con el Cielo para siempre, para estar en Dios, junto a Su Hijo Jesucristo en Su Cuerpo y en su Alma y junto a Su Madre también en cuerpo y alma. Tenemos que convencernos de que Jesús pide continuamente por mí, por cada uno de nosotros. Pero esto debemos repetírnoslo para convencernos de verdad: Él es fiel a sus promesas y pide por mí en este momento, porque me ama más que todas las madres pueden querer a sus hijos.

Y cada uno de nosotros debe pensar: Jesús está pidiendo por mí; Él nos está preparando para ir al Cielo. Y Él es fiel a sus promesas; Él es fiel: lo hace, porque lo ha prometido.

Por eso el Cielo será este encuentro, un encuentro con el Señor que ha ido allí a prepararnos el lugar, el encuentro de cada uno de nosotros. Y esto lo sabemos y nos da confianza, nos hace crecer en la Virtud de la Esperanza.

Que el Señor, con esta promesa, nos dé esta conciencia de estar en camino. Que el Señor nos dé esta gracia: de mirar hacia arriba y pensar: El Señor está pidiendo por mí y me espera.

La Madre de Dios y Madre nuestra nos puede ayudar a ir al Cielo, porque es una Madre buena, que nos ama mucho. Y además, es la Omnipotencia Suplicante, que recordemos, que con su súplica, consiguió que Jesús hiciera aquel portentoso milagro de convertir el agua en vino, cuando aún –como Él se lo dijo– no había llegado su hora.

Para nosotros ha llegado la hora de que empecemos a luchar muy en serio por ganarnos el Cielo, a fuerza de oración y sacrificio personal, con la ayuda poderosa de Dios, que nunca nos faltará ni hoy ni nunca porque el Señor está empeñado en que todas las personas se salven y vayan a gozar del Cielo por toda la eternidad.

Pero no pensemos que desear ir al Cielo es egoísmo, porque para eso nos ha creado Dios: eso es vivir la Virtud Cardinal de la Esperanza: el Cielo para siempre.

Hemos de insistirle a Nuestra Madre, porque Ella quiere ser rogada, importunada, para demostrarle nuestra fe y nuestra seguridad en alcanzar el Cielo con su ayuda poderosa.

Tags:

  • Cielo
  • fiel

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